FUENCALIENTE: EL MEDIO NATURAL

por Angel Gil Gahete

GEOLOGIA Y RELIEVE VEGETACION FAUNA ITINERARIOS
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GEOLOGÍA Y RELIEVE

Tanto si se accede desde el Norte, atravesando la llanura manchega y el Valle de Alcudia, como si se asciende desde el Valle del Guadalquivir, entre las lomas de la sierra cordobesa, en el horizonte destacan, transversales y oscuras, las sierras de Fuencaliente.

Aunque el nombre genérico de Sierra Madrona con el que se conoce a este sector de la cordillera Mariánica procede por extensión de una de sus sierras, en realidad el conjunto está formado por una serie de crestas (Sierra Madrona, Sierra Quintana, Hornilleros, Navalmanzano, Garganta, Nacedero) alineadas en dirección NO-SE y separadas por angostos valles.

A pesar de que aquí se encuentran las mayores cotas de toda Sierra Morena (Bañuela 1323 mts., Abulagoso 1301 mts.), el aspecto agreste que ofrecen estas sierras no se debe a su altitud, bastante modesta, sino a su peculiar configuración geológica, que origina un paisaje abrupto y montañoso. Los factores que han determinado estos relieves hay que buscarlos en la composición y estructura de las rocas, así como en la historia geológica de toda la zona.

Desde el punto de vista geológico, Sierra Morena representa el borde meridional de la Meseta, flexionada y hundida bajo la depresión del Guadalquivir. En el término de Fuencaliente, la mayoría de los materiales presentes son rocas muy antiguas, depositadas durante la era Paleozoica en lo que entonces era una cuenca marina que constituía el límite sur de la primitiva península. Se trata de series alternantes de pizarras, areniscas y cuarcitas, entre las que destacan las llamadas cuarcitas armoricanas del periodo Ordovícico, cuya presencia será determinante en el relieve actual. En ellas es frecuente observar unos característicos fósiles - Cruzianas- que representan hoy las huellas de lo que fue la vida en aquellos primitivos mares; también pueden encontrarse los animales responsables de estas pistas de reptación- Trilobites- en las pizarras del mismo periodo.

Hace unos 300 millones de años, el choque de África con esta primitiva península provocó el levantamiento de la cuenca marina y las rocas depositadas en ella fueron intensamente plegadas y fracturadas (orogenia Hercínica). Multitud de fallas inversas y de desgarre atraviesan las series de anticlinales y sinclinales resultante. Una vez levantada, la zona sufrió un prolongado periodo de erosión que terminaría arrasando los relieves formados y convirtiéndola en una planicie.

Sin embargo, el aspecto montañoso actual se debe a fenómenos geológicos más recientes. En efecto, un nuevo empuje de la placa africana hace unos 20 millones de años (orogenia Alpina) es el responsable de la formación de las cordilleras andaluzas (Béticas) y del hundimiento de la depresión del Guadalquivir. La formación de un escalón entre el borde sur de la Meseta y esta nueva depresión, que actúa como un sumidero para las aguas de los relieves circundantes, provoca el desarrollo de una red hidrográfica fuertemente erosiva.

Estos ríos recién formados se encajan siguiendo las líneas más débiles de la antigua red de fracturas de origen herciniano y su potencial erosivo es tal que llegan a capturar algunos cursos de agua que eran antiguos afluentes del Guadiana. La captura queda reflejada en el brusco cambio de dirección que sufre el curso de río en ese punto, tal como sucede en el caso del Valmayor o el Montoro. De hecho, aunque la mayor parte de la provincia de Ciudad Real vierte a la cuenca del Guadiana, estos cauces del sur de la provincia, a excepción del Guadalmez, son tributarios del Guadalquivir a través de los ríos Yeguas y Jándula. La cuenca del Guadalquivir se extendió así hacia el norte a expensas de la del Guadiana.

Los distintos tipos de rocas de la zona presentan diferentes respuestas a esta intensa erosión fluvial. Las pizarras, más blandas, son erosionadas rápidamente y dan lugar a relieves alomados de escasa altura; en ellas se encajan los ríos formando valles que se encuentran separados por alineaciones de cuarcitas, rocas mucho más resistentes a la erosión y responsables de relieves escarpados y verticales. Este mecanismo de erosión diferencial rejuvenece el paisaje de la primitiva penillanura y origina una serie de elevaciones y depresiones, coincidentes respectivamente con las alineaciones de rocas más y menos resistentes, que se conoce como relieve apalachiense; estas sierras constituyen uno de los ejemplos más representativos de este tipo de paisaje de la península.

Allí dónde el curso de los ríos atraviesa las duras cuarcitas, el agua se despeña en cascadas como la Chorrera de los Batanes o "las calderas" del Valmayor, o bien se encaja en profundos cañones como la Hoz de Valdoro. La enérgica erosión de los ríos ha terminado horadando los materiales paleozoicos y ha puesto al descubierto rocas aún más antiguas: son esquistos precámbricos, con más de 600 millones de años de antigüedad, que afloran en algunos puntos como los valles de los ríos Cereceda o Valmayor y que ocupan gran parte del Valle de Alcudia.

Las elevaciones recién formadas son desgastadas en el último periodo geológico, Cuaternario, en el que se suceden épocas de clima frío con otras de acusada aridez; gran cantidad de cantos cuarcíticos generados en las laderas de las montañas son arrastrados por lluvias torrenciales que, sin curso fijo, los depositan en forma de manto en las zonas bajas dónde constituyen las actuales rañas, de perfil sensiblemente llano. Pequeñas extensiones de rañas pueden observarse en las cuencas interiores de estas sierras dónde, con frecuencia, quedan colgadas como plataformas horizontales o mesas limitadas por los profundos surcos fluviales que las han seccionado. Precisamente las mejores tierras de labor de la zona se encuentran en las extensas rañas desarrolladas en el exterior de las Sierras de Puerto Viejo y la Garganta, que se prolongan hasta el río Guadalmez, enlazando con los terrenos graníticos del Valle de los Pedroches, ya en la provincia de Córdoba.

Por último, los ciclos de hielo-deshielo en las recientes épocas frías del Cuaternario han provocado la rotura de las rocas, originándose numerosos bloques de cuarcita que se depositan en las laderas de las sierras dando lugar a las características pedrizas.

La abundancia de filones minerales que rellenan las fracturas de las rocas han proporcionado tradicionalmente a la zona un alto interés minero. Aunque ya abandonadas, son muy frecuentes las escorias y otros restos de antiguas explotaciones de Plomo, Zinc, Plata, en algunos casos utilizadas ya en época romana.

La actividad geológica es también responsable de una de las peculiaridades de Fuencaliente y origen de su nombre y fundación: los veneros de aguas termales. Estos representan las últimas y marginales manifestaciones de la actividad volcánica que, como consecuencia de reajustes tectónicos recientes, afectó sobre todo al Campo de Calatrava y Valle de Alcudia.

Existen varios veneros de aguas termales, cuyas aguas surgen bajo el suelo de la Iglesia y en las casas circundantes. Estas aguas minero-medicinales, ricas en hierro y otros minerales, debidamente canalizadas abastecen al Balneario, donde son utilizadas para el tratamiento de diversas afecciones, es especial las reumáticas.

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